Una acción bien diagramada y llevada a cabo tiene piné para alterar el curso real de un partido. La taba puede voltearse, sí, no hay dudas. Pero un grupo hecho y derecho, formado por hombres defensores del todos para uno y del uno para todos, hace la diferencia. Puede reescribir el futuro cuantas veces lo desee y dibujarlo a su manera mientras va moviendo la batuta al compás de su propia canción. Hoy, ayer y quizás mañana, Quilmes fue eso, un 11 entero, no un equipo partido que necesita de alguna de sus individualidades para romper la resistencia del rival.
La consecuencia de haberse dedicado a mover la pelota como corresponde, sin entrar en la desesperación de regalarla de un pelotazo, le dieron a la "cerveza" un boleto gratis a la curda en Tucumán. Borracho gracias los Caneo y a los suplentes Vázquez y Diz, los del sur bonaerense trabajaron a reglamento en el Monumental. El 4 a 0 lo dice todo. Llegaron, pegaron y descansaron. A decir verdad, el resultado murió allí porque Quilmes jugó con honor. No vino a humillar.
El partido estaba ganado desde el mismísimo minuto 26, cuando el 10 agrupó a toda una defensa y dejó en soledad a Diz para que haga lo suyo, que son goles. Entonces, no había necesidad de seguir vapuleando a un "decano" rebelado del fútbol que alguna vez regaló -con Llop al mando- en 2011. Qué lejos está el semestre pasado. Qué cercanos y cotidianos son los bloopers generados de reacciones apuradas por los mismos albicelestes. Hacen la del pato criollo, un paso, una... . Al inicio, bien al inicio, Atlético se paró de igual a igual. De hecho, Castillo desperdició un mano a mano clarísimo. Hubiese sido el 1 a 0. Pero claro, Trípodi se lo tapó y luego llegaron las obras de Diz, del propio Caneo, que entró solito por el primer palo para mandar adentro un córner, y el doblete, gestados de grandes contras, de un ex 25 y Chile: Pablo Vázquez.
Todos fueron lindos goles. Todos nacieron de una genialidad y del error conceptual de Atlético, un Atlético con aires de grandeza y realidad de papel.